HISTORIAS DE BLOG
http://myblog.es/historiasdeblog
powered by myblog.es
|
|
Soy Cloe

¡Hola, soy Cloe! Ya tengo cuatro meses y medio y va siendo hora de presentarme. Este mundo es la mar de interesante; hay un montón de colores y todo tiene movimiento. Mi madre es la monda y me hace reír muchísimo, aunque yo lloro a menudo cuando se cansa de hacer su show, de cantarme canciones o intenta alejarse un poco de mí para hacer otra cosa. He descubierto que tengo un montón de cosas: tengo unas manos estupendas que pueden agarrar el chupete, tirarle de los pelos a mámá, empujar el biberón, sujetar mis muñequitos y darle palmetazos al teclado del ordenador. También tengo dos pies muy divertidos que puedo acercarme hasta la boca y chuparlos. Me encanta subirlos y me ayudan a empujarme para darme la vuelta. Lo que no consigo es ponerme a gatas. Yo levanto el culete con todo mi empeño, pero mis brazos no pueden levantar el resto de mi cuerpo, así que lloro de frustración. Será cuestión de seguir practicando. Mamá ayer empezó a darme fruta y creo que he puesto una cara de asco impresionante; pero seguí saboreando y al final, no estaba tan mala. Pero prefiero la lechita de mamá...mmmMmmmm, ¡qué rica! y siempre calentita. La verdad es que este mundo no está nada mal, al menos por ahora. Todo son mimos para mí y ¡tengo tantas cosas por descubrir!
|
|
|
Mi blog cambia su aspecto
Hola a todos. Ayer estuve un poco entretenida cambiando el aspecto del blog. Aunque ya domino el Photoshop, las características de myblog no te permiten hacer grandes cosas, y yo no sé manejar el html. Espero que os guste.
|
|
|
He subido 4 kilos

Ante todo, Feliz Año nuevo a todos, a los que me seguísteis alguna vez y a los que me leéis por primera vez. He estado ausente durante mucho tiempo. Apenas he escrito en este último año. He perdido la costumbre y tal vez la motivación que me impulsaba a buscar nuevos temas que comentar en mi blog. Hoy he entrado a echar un vistazo y me han vuelto las ganas de escribir. Así que escribiré sobre lo último que me ha pasado: HE SUBIDO 4 KILOS. Están repartidos entre las tetas y la barriga y ¿sabéis? me sientan fenomenal. De hecho, creo que pienso subir algunos más. De momento les he puesto nombre, porque quiero que nuestra relación sea estupenda. Por ahora los llamo Cloe. Tenemos una relación extraña. A pesar de que me generan muchas incomodidades y ya no soy capaz de posar como una garza sobre una sola pierna, cada día los deseo más. ¿Será una relación masoquista? Al principio notaba como se me estiraban músculos y tendones, me daban pinchazos e incluso frecuentes dolores de cabeza. Mis pechos comenzaron a crecer hasta que los sujetadores quedaron rebosantes y mi novio encantado. Si miro hacia abajo, ya ni siquiera me veo las uñas de los pies. Me he vuelto resbaladiza: todo se me cae. Y se me hace terrible tener que agacharme para recoger lo que me resbala. Los mimo tanto que ya ni pruebo el alcohol, por si les sienta mal. Por las noches los unto con aceite y por la mañana con crema hidrantante, para que estén brillantes y elásticos. Les he descargado música clásica, porque creo que del tiempo que llevan ahí han desarrollado el sentido del oído y creo que les gustará algo suave. Y algún día... os los presentaré.
|
|
|
La piedra y el cascanueces
Érase una vez una piedra marrón de río, perfectamente pulida, redonda, brillante. Vivía en el lecho del río, rodeada de algas, alegre y contenta de sentir el agua a su alrededor, de pasarse las horas tranquilita en su sitio, de dedicarse a contar pececitos antes de dormir. Fue un día aciago cuando aquella sombra se acerco nadando hacia ella, vislumbró una boca y luego oscuridad. Fue tanto el tiempo en oscuridad que olvidó las algas, olvidó los peces, olvidó el agua y al final se olvidó de sí misma. El pez no pudo resistirse a aquel baile brillante que jugueteaba tras el sedal y acabó en la cesta del pescador. Éste fue clemente con el animal, dejó que muriera ahogado mientras se sacudía frenéticamente. Ya en casa, limpió las escamas y abrió la barriga de un largo tajo. La piedra no sintió la luz ni el cuchillo, pero estaban allí. El pescador la miró durante un momento: una piedra marrón. La secó y la volvió a mirar, una pequeña sorpresa, tan pequeña como una nuez. Sin pararse a pensarlo la dejo en la cesta de las nueces, y allí se hundió la piedra. Las nueces recibieron alborotadas a su nueva compañera. “Bienvenida”, gritaron las nueces de la tierra entre jaranas y aplausos: - ¿De dónde eres? - preguntaron. Las nueces de California, más puestas, dijeron sólo un sobrio: - Hi! where are you from?-. No les llegó respuesta a ninguna. Aquella extraña y callada nuez que se había hundido en el cuenco permaneció impertérrita a sus preguntas. - Será una nuez china, ahora tocan todos los mercados -, concluyeron las nueces. Y allí permaneció, mientras sus compañeras parloteaban incansablemente. Llego el día en que el pescador llevó el cuenco al salón. Ese viaje sería sólo de ida para la mayoría de las nueces, a veces para todas. Aquellas que habían logrado sobrevivir ya se encargaron de narrar cuentos de terror en los que un maquiavélico ser gritaba exigiendo más nueces para destrozarlas. - Venid a mí, venid a mí, venid a mí... – gritaba el cascanueces. – ¡Nueces, nueces, nueces!. Yo decido, yo mastico, yo destruyo. – aullaba el cascanueces –. - Nueces, nueces, nueces. Mis dientes son más fuertes, mi boca más grande, mis mandíbulas, las más feroces, - bailaba desaforadamente – Nueces, nueces, nueces, adoradme antes de morir. Las nueces gemían y temblaban dentro de su cuenco. Pequeñas como eran, diminutas nueces dentro de la boca del cascanueces. Siempre el mismo rito, siempre el mismo resultado. El cascanueces estaba orgulloso de su trabajo, le encantaba esa pequeña lucha desigual en la que la dura nuez acababa cediendo frente sus imponentes mandíbulas, el crujido final, como una explosión de fuegos artificiales, desparramando la nuez entre su boca, disfrutaba sintiéndolas temblar en sus fauces; ese momento lo era todo en su vida. Y así, comenzaba el fatídico día; las nueces sollozando e intentando escapar en el cuenco, deseando no ser escogidas; los aullidos del exultante cascanueces entre chasquido y chasquido. Fue entonces cuando escogieron a la china cuando todas se dieron cuenta de que no conocían su nombre. A ninguna le dio más pena que la compasión que sentían por sí mismas al temerse ser las próximas. El cascanueces no la sintió temblar en su boca, pero eufórico como estaba, no llegó a darse cuenta. Apretó, apretó más de lo que lo había hecho en toda su vida; apretó tanto que los dientes rechinaron, hasta que finalmente oyó el crujido; pero esta vez fue el suyo. No soltó ni una lágrima, ni un suspiro. Reventó por su eje y la china salió disparada, atravesó el salón y se perdió por una ventana abierta. Las nueces no dieron crédito a lo que había pasado; lo comentaron entre susurros en el trayecto de vuelta a la cocina. Aquel día sólo habían perdido a media docena de las suyas sin contar a la china, aquella nuez callada que había derrotado al cascanueces y escapó del cuenco. Desde entonces, las nueces sueñan con escaparse, con derrotar al cascanueces y fugarse como la china. Relatan aquel prodigioso hecho adornándolo de mil maneras, y aunque sollozan el día que viajan al salón ya no tiemblan tanto como antes al enfrentarse a los cascanueces. Incluso, de vez en cuando, alguna consigue resistir a su boca el tiempo justo para que se rompa su cáscara junto con las mandibulas del cascanueces. Y ésta es la razon de porque a algunas piedras se les llama chinas. (Los cuentos de Papá Lobo, por Arturo Ruiloba) Esta es una historia que a mí me ha gustado mucho y que escribió mi novio. Todavía estoy esperando a que me escriba "La piedra y la rana", pero se cree que ya me tiene conquistada y no escribe nada. Aquí les dejo el enlace a su blog: http://www.jeecko.blogspot.com/
|
|
|
Elvira

Conocí a Elvira trabajando en Londres. Elvira era una enfermera madrileña que había pedido una excedencia de un año en su trabajo para irse a aprender inglés a Inglaterra. Decidida como estaba a aprovechar su estancia de un año en Londres, Elvira siempre te contestaba en inglés, aunque tú le hablases en español; hablaba en un inglés de jotas estruendosas y frases simples. Lo cierto es que su pronunciación era muy mala, pero a ella eso no la echaba para atrás ni comedía su desparpajo. Recuerdo verla llegar al trabajo con su bicicleta de principios de siglo que habría comprado de octava o novena mano. Después de varios meses trabajando juntas llegamos a hacer cierta amistad. Un día me dijo: - Yo soy capaz de tirarme pedos con el chichi… Yo la miré alucinada. No recuerdo bien si por su descaro o por su habilidad. – Escucha, - me dijo. Y una sinfonía de vientos sonó desde sus partes más íntimas. Reí; y pensé en aquellas personas que se presentan a los Records Guinnes. Elvira era muy despreocupada. Le gustaba vivir la vida aprovechando cada momento y hacer todas aquellas cosas que le apetecían cuando le apetecían. Ya tenía pensado que probablemente luego se iría a algún lado como enfermera sin fronteras. Nunca supe si lo hizo. Sólo la llamé una vez después de que ambas regresamos. Me contestó su madre diciéndome que se había comprado una casa y ya no vivía allí. Había olvidado su nombre. De su cara recuerdo su tez morena, su pelo castaño un poco ondulado y nunca muy peinado y unos dientes grisáceos. Hoy mientras me duchaba y sin venir a cuento me volvió su nombre a la cabeza y empecé a recordar algunos momentos que pasamos juntas. Me pregunto qué será de ella. Es curioso que cuando te olvidas de alguien algún mecanismo secreto y oculto de tu cerebro, un día cualquiera, comienza a pulir alguna parte del subconsciente para recordarnos a aquellas personas que en algún momento formaron parte de nuestra vida.
|
|
|
La historia de mi ganglión
 Hace ya un año escribí la historia de mi ganglión, una historia que se perdió y jamás llegó a publicarse, de la que sólo quedó un pequeño post de intención con foto incluida. Ha llegado el momento de volver a contarla, porque la historia no había acabado. Empecemos por el principio: Cuando tenía unos catorce años me salió un bulto en la mano, el protagonista de esta historia, que entonces fue descrito por un médico de cuyo nombre no quiero acordarme, como un quiste sebáceo. El médico innombrable me mandó una pomada, le cobró a mi madre la consulta y pasó a esa lista de médicos que guardo “a los que jamás volvería a visitar”. La pomada por supuesto que no sirvió para nada. El bulto se quedó ahí y al cabo de dos años fui con mi madre a un dermatólogo. Éste no dudó en que había que cortar por lo sano, así que programó una operación para unos días después. Recuerdo aquel día vívidamente. El dermatólogo asistía al cirujano que me operaba. Primero cortó a lo largo de la muñeca unos dos centímetros. Puso una especie de pinzas que separaban la piel hacia los lados, y con un bisturí continuaba cortando carne hacia dentro. Yo permanecía tumbada en una camilla, con la mano apoyada en mi estómago. El cirujano me dijo que mirase hacia el otro lado, pero no pude evitar mirar y fui testigo presencial de la extirpación. El dermatólogo sujetaba las pinzas separadoras, pero en vez de mirar hacia el corte, estaba pendiente de otras cosas mientras hablaba y yo notaba como cada vez me tiraba más la piel de la mano a pesar de la anestesia local. Pero en aquel entonces era un poco tímida y no me atreví a protestar. Mi madre salió de la sala desde que empezó a cortar. Yo no tuve problema, a pesar de que no soy de estómago fuerte, pero supongo que aguanto más cuando soy yo la víctima de la sangría. Tras cortar alguna carne apareció el ganglión. El cirujano cortó alrededor hasta que éste quedó suelto y pudo extraerlo. Era como una gran judía semitransparente y rellena de líquido. Al extraerlo, se dio cuenta de que debajo había otro y continuó escarbando hasta casi atravesarme la muñeca. Quince puntos en total de remiendo en mi mano. Lo peor vino después: el dolor cuando la anestesia dejó de hacer efecto, el supervendaje tipo guante-Mike Tyson que me dejaron para inmovilizarme la mano y que me impedía ponerme cualquier tipo de camisa. No había manga por la que cupiese, y eso que eran los 80. Así estuve varias semanas, cosida, vendada, inutilizada, dolorida y cabreada, hasta que yo misma me harté un día, me saqué los puntos que colgaban y me quité la venda que tanto me martirizaba. La mano nunca quedó igual, no pude volver a apoyarla sin sentir dolor durante mucho tiempo, años quizás. La cicatriz permanece como testigo mudo de aquellos “quistes” que me quitaron. Años después volvió a aparecer otro ganglión. Tal vez pasaron 8 años, no lo recuerdo. Pero volvió a aparecer. Allí estaba: un pequeño bulto queriendo escaparse de mi piel. Esa vez no necesité médico. Allí lo dejé. Alguna vez dolía, cuando se disponía a crecer un poco más. Llegó a adquirir un tamaño considerable sobresaliendo cual montaña en mi muñeca. Pero yo lo dejé y hasta le cogí cierto cariño. Permaneció durante años, fue testigo de muchas historias de mi vida, fue observado por mucha gente y todos tenían algo que opinar acerca de él. Hasta que un día me cansé. No quería volver a pasar por una amputación como la que recordaba, pero lo cierto es que quedaba bastante feo en la mano y me cansaba que todo el mundo me preguntase por él. Así que decidí volver al médico. Y ahí comencé a tomar conciencia de cómo funciona la Seguridad Social en nuestro país. Antes era poseedora de un seguro y una salud de roble que me hacían vivir en los mundos de Yupi de la sanidad pública. Tras ir de médico en médico y de traumatólogo en traumatólogo, por fin me pusieron en una lista de espera para operarme el dichoso ganglión. Y a esperar. Esperé tanto, que me llamaron al cabo de un año y medio, hace unos 7 meses para la operación. Yo me quedé de piedra. ¿Operarme el ganglión? ¿Qué ganglión? Después de unos diez años y varias subidas y bajadas hasta quedarse duro como una piedra, un buen día, decidió disolverse por donde mismo había entrado. Tal vez alguna mala postura en la mano ayudó a que este hecho se produjese. Pero una buena mañana, en algún momento noté la carencia de mi inseparable ganglión. Después de eso volvió a asomar meses después, volvió a disolverse y así sigue, apenas imperceptible, esperando a resurgir de sus cenizas cual ave fénix, en cualquier momento. En el primer post que escribí hace más de un año, contaba cómo mientras buscaba información acerca del ganglión di con un blog, que me gustó mucho, el blog de Karlankas, que me inspiró a comenzar éste. A día de hoy he escrito 86 artículos y he recibido más de 31.000 visitas, a pesar de que llevo varios meses en que apenas escribo. Tengo un segundo blog donde paso mis artículos “más serios” y que recibe visitas a través de la gente que busca información en Internet, de lo cual me siento bastante orgullosa, pudiendo aportar mi granito de arena a esta gran red. He escrito un poco de todo, unas veces más inspirada que otras, pero todo forma parte de mí, de mi vida, de mi imaginación, de mi conocimiento o de propia forma de ser. A todos aquellos que me siguieron mientras era constante, a los que me visitan todavía, a los que me descubren y a los que simplemente curiosean: GRACIAS. Y sobre todo, gracias Karlankas, por tu inspiración.
|
|
|
El nuevo concepto de familia
Tengo treinta y seis años y me considero espectadora y participante de saltos gigantescos en las creencias y estilo de vida de la sociedad. A pesar de esto, muchas veces me tropiezo con gente que parece estar anclada al pasado, con las convicciones grabadas a fuego en los genes intransigentes heredados de sus ancestros. Para poner algunos ejemplos, observemos cómo ha evolucionado la familia: La familia tradicional estaba compuesta por el padre, la madre y los hijos, que solían ser más de uno. El hombre asumía el rol de mantenedor y la mujer se encargaba de la educación y crianza de los niños, así como de las labores domésticas. Las parejas se mantenían unidas por el matrimonio, que era un contrato indestructible para toda la vida. ¿Cómo ha cambiado el concepto de familia? La vida moderna ha despertado a la mujer de su posición de sumisión y la ha hecho abrirse a nuevas alternativas sin tener por ello que renunciar a su condición de madre, pero teniendo que adaptarse en muchos aspectos: le ha cedido terreno al padre, al que se le ha permitido y en cierto modo, impuesto participar en las labores que hasta ahora eran exclusivas de la mujer. Igualmente, la mujer ha adquirido terreno en áreas que anteriormente era impensable que una mujer participase. Pero no han sido éstos los únicos cambios. Hemos sido capaces de aceptar la homosexualidad como una condición natural de un ser humano, eliminando el concepto de desviación, enfermedad y aberración que se tenía antiguamente. La homosexualidad ni siquiera es propia del ser humano; existe en muchas especies animales, aunque antes se ocultaba y negaba este hecho. Pero los documentales de hoy en día muestran la realidad tal cual es. Se ha observado comportamiento homosexual o bisexual en casi 1.500 especies animales. Y todavía hay gente que lo niega. Ejemplos de estas especies serían el bisonte americano, el delfín mular, el elefante, la hiena manchada, la oveja, el león, la libélula, la lagartija, el macaco japonés y una infinidad más de ejemplos de los que nos daríamos cuenta con una observación más detenida del reino animal. Una vez aceptada la homosexualidad, se presenta otro pero: ¿Es lógico y aceptable que dos homosexuales críen a un niño? Este debate aún no ha terminado. Aunque para muchas personas nos parezca obvia la respuesta, para otros muchos que aún no han conseguido liberarse de sus prejuicios y de esos argumentos aprendidos a base de repeticiones a lo largo de la infancia. Esas frases construidas que ya nos suenan a tópicos: “un niño necesita a un padre y una madre”, “eso no es natural”. En primer lugar y para contrarrestar estos tópicos, debemos observar los hechos. ¿Cuántos niños se han criado sin padres o sin uno de ellos? ¿Cuántos se han criado con los dos y a pesar de ello se han convertido en delicuentes, drogadictos o simplemente malas personas? ¿No se crían los homosexuales en entornos heterosexuales? Un niño necesita cariño, necesita una educación, pero ¿quiénes somos nosotros para decir cuál es la educación más adecuada? ¿quién nos hace estar en poder de la verdad absoluta? Cada cual cría a sus hijos como puede, enseñándoles lo que sabe, bueno o malo. Porque lo cierto es que vamos a inculcar en esos niños nuestros propios principios y forma de pensar y esperamos que los mantengan a lo largo de su vida. El proceso de maduración es aquel en el cual asumimos unos principios en nuestra vida, sean aquellos que hemos aprendido en nuestra infancia o aquellos otros por los que hemos optado a través de nuestra propia experiencia. Una vez asumidos, esos principios son difíciles de cambiar y nos negaremos a cambiarlos aunque nos pongan pruebas de que son incorrectos delante de las narices. Ahora está abierto el proceso de demostrar que la normalidad también cambia, y lo que antes era normal y aceptable, también se queda obsoleto. Las normas las dicta el propio ser humano y no la naturaleza y no podremos avanzar si cambiamos unas cosas y otras las intentamos mantener a pesar de la falta de argumentos. No nos dejemos engañar. A veces las incongruencias en la historia, desconocidas para la mayoría, nos hacen reflexionar. Cuántos políticos ansiosos de poder hablan de familia, mientras mantienen relaciones homosexuales ocultas, cuántos hablan de fidelidad, mientras pagan prostitutas de alto standing, cuántos hablan de religión, mientras imponen un sistema capitalista, que sería lo más opuesto a los conceptos proclamados por esas religiones que tanto defienden, cuántos hablan de procreación, mientras destruyen el mundo que heredarán nuestros hijos, ¡cuánta palabrería para llenarse los bolsillos de dinero y la cabeza de poder! Observemos y escuchemos lo que no es socialmente aceptable y reflexionemos el por qué. Tal vez consigamos ampliar nuestro concepto de justicia. Procuremos no formar parte del grupo de borregos fácilmente manipulables que quieren que seamos, que es lo que han sido las mayorías a lo largo de la historia, grandes grupos de borregos manipulados por grupos más reducidos ansiosos de poder que se aprovechan de la ineptitud de la gran mayoría. Para que esto no ocurra hay que formar y educar, crear cabezas pensantes y capaces de razonar y eso no interesa a los pequeños grupos dominantes: grandes empresarios, políticos, entidades religiosas. Por eso el mundo está como está, por eso siguen habiendo países tercermundistas. Si nuestros gobiernos solucionasen los problemas de infraestructura, alimentación y educación en los países subdesarrollados, ¿quiénes trabajarían como mano de obra barata para las grandes multinacionales? ¿Eso sí es normal? ¿Son ellos mejores que dos homosexuales que desean criar a un hijo, darle una educación y todo su amor?
|
|
|
Déjà vu

Seguro que alguna vez has experimentado la sensación de vivir una experiencia que ya has vivido en alguna ocasión, como si la hubieses soñado. Y no estoy hablando de cuando entras todas las mañanas al trabajo… esa es otra sensación que sí se repite constantemente. Estoy hablando de lo que se conoce como un “déjà vu” (pronunciado deya vy), término francés que significa “ya visto”. Ya todo el mundo sabe lo que es porque también el término se ha hecho conocido con una película que se titula así y que de la que yo aún no puedo opinar puesto que no la he visto. La experiencia del déjà vu es algo muy común que la mayoría de la gente ha experimentado en alguna ocasión. Ante un hecho que vivimos por primera vez experimentamos una sensación de familiaridad y cierto sobrecogimiento, porque aunque tenemos la sensación de haberlo vivido ya, no recordamos el haberlo hecho. No sólo se refiere al hecho vivido sino a todo el escenario donde éste ocurre: las caras, el lugar, los objetos, creemos que todo eso ya lo hemos visto en un momento idéntico. Como siempre, a todo lo que nos sorprende y a lo que no encontramos una sencilla explicación lógica, le atribuimos unas características paranormales. Al déjà vu se lo relaciona con la clarividencia o percepciones extrasensoriales. Lo podemos relacionar con una vida pasada o paralela, con sueños o premoniciones. El ser humano es muy dado a este tipo de historias de ciencia ficción que a todos nos encantan. Nos sentimos atraídos por lo desconocido, por lo oculto. Buscamos respuestas fantásticas a preguntas que quedan en el aire. Relacionamos hechos aislados y creamos teorías. Inventamos supersticiones. Cualquier cosa por encontrar respuestas a esas incógnitas que nos surgen en la vida, aunque dichas respuestas pensadas fríamente puedan resultar bastante absurdas. Yo estudié un par de años de Psicología y fue durante ese tiempo cuando aprendí que la mayoría de las preguntas tienen respuestas lógicas aunque nosotros no las conozcamos. La investigación científica comete muchos errores y el método científico está creado por seres humanos, imperfectos y también puede fallar. Pero me resulta más fácil ver al ser humano como una máquina tremendamente complicada donde los mecanismos más pequeños dan respuesta a los acontecimientos más cotidianos. Existen diversas teorías acerca del déjà vu, pero la que a mí más convincente me parece y que fue expuesta por uno de mis profesores en aquellos años de Universidad lo explicaba como un fenómeno neuronal: nuestra vista, nuestro olfato incluso nuestro tacto percibe desde el medio exterior. Estas percepciones se transforman en impulsos nerviosos a través los diferentes receptores de nuestro cuerpo. Los impulsos nerviosos se transmiten por complicados procesos químicos a través de las neuronas, que hacen llegar esta información al cerebro. Las sensaciones, las imágenes, todo lo que percibimos son reacciones químicas en nuestro cerebro. En ocasiones puede pasar que nuestro cerebro no procese bien la información y que la interpretemos poco después de que el proceso haya ocurrido. Nuestro cuerpo ya ha experimentado las sensaciones, pero nuestro cerebro no es consciente de ello. Es por eso por lo que se produce esa sensación de haber vivido una determinada experiencia. Por supuesto que esta teoría es sólo eso, una teoría, como tantas otras que hay. Pero es más lógica y probable que una vida anterior o una premonición de futuro.
|
|
|
[página siguiente]
|