HISTORIAS DE BLOG
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Poemas
¿Dónde guardo la felicidad?
¿Dónde guardo la felicidad? La aprieto en el corazón, pero se me escapa. Se me escapa en forma de sonrisas, de bromas, de juegos. Se me escapa cuando te miro, cuando te siento a mi lado, cuando me abrazas. Se me escapa cuando haces lo imposible por verme en horas de trabajo, cuando me escuchas y cuando me hablas, cuando me acompañas en mis paseos, cuando buscamos juntos los pedazos de nuestro hogar. Soy consciente de que nada es eterno y de que algún día tal vez se acabe la complicidad; pero hasta entonces, buscaré la manera de retener la felicidad, de saciarme de ella, de atraparla y guardarla mientras se me escapa. No vivo de expectativas, ni de ilusiones, ni de esperanzas. Vivo consciente de que soy feliz y de que mi felicidad es presente, no pasado ni futuro. Ni siquiera vivo el miedo de perderla, de que se acabe, de que un día todo cambie. Porque hoy estoy viva y hoy soy feliz y siento que no me cabe tanta felicidad. ¿Dónde puedo guardarla?
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¿Dónde estás?
 Doce de la noche. Una hora menos en Canarias. ¿Dónde estás? Me encuentro donde quedamos: entre el merdiano 16 y el 17 ¿Acaso has atravesado el espacio-tiempo para esperarme en un universo paralelo? ¿Por qué cuando te miro no te veo? ¿Por qué cuando te toco no te siento? ¿Por qué cuando te escucho no te oigo? Grito. Y el eco de mi voz me susurra. Lloro sin lágrimas. Rio sin dientes. Te espero. Y me desespero. Te olvido mientras te recuerdo. Te invento mientras te imagino. Por fin. Regresas. A saber de dónde. Quiero saber tu nombre.
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Caracolas en las orejas
Hoy me he vestido ligera falda larga, camisa suelta y collar de tres vueltas y llevo el mar en las orejas donde penden caracolas que me susurran, que me hablan de olas y de que el mar me acompaña contándome historias que ya nadie cuenta. Hoy me he vestido ligera y ni la brisa ni el viento me hablan del mar como lo hacen ellas. En el pelo una pinza, en el alma una pena y besándome el cuello caracolas en las orejas. Sandra de Luis
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Para el poeta

A ti, poeta que me inventaste En las tibias tardes de la primavera A ti que me embriagaste de sueños De palabras, de promesas De caricias y besos de imágenes de carretera. A ti que te inspiré
Fantasías de cada día Versos de cada noche Las primeras frases al amanecer Los últimos suspiros de derroche. No te pude dar, no más Se me antojó el regreso Me desbordó tu amor Me acaparó en exceso y agotó el ardor. Sólo puedo regalarte Mis primeras y últimas rimas De la deuda que el tiempo Me ha dejado en la vida Mis días somnolientos. No me odies, no me añores Quédate con la experiencia Que la vida es un momento Y el amor no es una ciencia que a todos deje contentos.
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